Campeonato de España de Montaña, 2ª prueba UBRIQUE

Allá por el 2004 hice por primera vez el largo viaje Gijón-Ubrique para asistir a una subida que ya entonces empezaba a estar entre las citas clásicas del Campeonato de España de Montaña. Entonces no iba yo conduciendo y el camino ‘menos largo’ era por Madrid. Después se fue completando la autovía de la Ruta de la Plata y ya hace unos cuantos años que ese es el trayecto a seguir para llegar lo antes posible a una de las pruebas que más nos gustan de cada una de nuestras ‘temporadas de carreras’. Así que aunque en esta ocasión me tocaba afrontar en solitario los más de 900 kilómetros de recorrido, emprendía el viaje el viernes por la mañana con esas ganas y esa ilusión que, a veces, cuesta tener cuando llevas tantos años en la brecha y te diriges a un destino ya más que visto y que, por tanto, no ofrece el aliciente de la novedad como posible contrapeso a la siempre negativa sensación de rutina que puede acabar produciendo la repetición, el ‘más de lo mismo’.

Además, esta vez tenía una motivación adicional, en Ubrique arrancaba otra etapa en ese proyecto de llevar la montaña a la ‘tele’ en el que estamos empeñados desde hace unos cuantos años. Sobre la subida gaditana haríamos (estamos ya haciendo cuando leáis estas líneas) un reportaje para su emisión en Teledeporte, y saldrán también imágenes de la prueba en otras cadenas que se han interesado en el proyecto, como GarajeTV, la RTPA o el canal autonómico de las Baleares. Un primer paso que, esperamos, sirva de acicate a un certamen que necesita mayor reconocimiento y que, tras unos años haciéndonos poco menos que perder la esperanza sobre su recuperación, está mostrando, por fin, algunos síntomas de que las cosas pueden empezar a ir al menos un poco a mejor.. aunque sea peleando contra todas las dificultades, como nos tocó a los implicados de un modo u otro en el mismo durante el largo y, por momentos, difícil fin de semana que acabaríamos viviendo en Ubrique. En todo caso, ¡nadie dijo que esto fuese a ser fácil!

BIEN ESTÁ LO QUE BIEN ACABA

La de este año era mi visita número 13 a Ubrique. Y aunque no sea en absoluto supersticioso, a veces no queda más remedio que darle la razón a los que desconfían de los malos farios porque la de este año ha sido, probablemente, la más accidentada de todas. De hecho, aunque en ese momento ni pensase en ello, el primer indicio de que el fin de semana no iba a estar exento de complicaciones ya lo había tenido un mes antes de emprender viaje. Cuando, a principios de marzo, me dispuse a reservar habitación en mi ‘base de operaciones’ habitual de la mayoría de mis anteriores estancias en la cercana localidad de ‘El Bosque’, resultó que ya no había alojamiento… ¡todo el hotel estaba ocupado por los participantes en un campeonato de judo! Y aunque enseguida encontraba acomodo en otro establecimiento cercano, uno es hombre de costumbres y no dejaba de resultarme un incordio tener que cambiar, aunque fuera en parte, mi habitual rutina de cada año, que tan bien me había funcionado anteriormente.

De todas formas, ese no sería si no el primero de los varios inconvenientes de un fin de semana en el que, por momentos, parecía que nada podía salir bien. El segundo llegaba cuando ya estaba en plena faena (¡nunca mejor dicho cuando se habla de algo que sucede en la arena de un coso taurino!) durante las verificaciones del viernes por la tarde. Mi cámara de fotos dejaba de funcionar de repente y menos mal que Javi Villa me prestaba la que suele llevar siempre en el camión de BRC, porque haber tenido que usar la compacta para sacar las fotos de carrera se habría convertido en todo un problema después de tantos años acostumbrado a la mayor rapidez y precisión de la ‘reflex’.

Luego vendría un sábado interminable, en el que la lluvia y los incidentes de carrera convertían, por momentos, en todo un calvario lo que en otras circunstancias, cuando las mangas discurren fluidas y el tiempo acompaña, suele ser un auténtico placer: seguir a pie de cuneta las evoluciones de los participantes en la subida desde algunos de sus enclaves más clásicos.

Un calvario que amenazaba con seguir el domingo, cuando el ruido de la lluvia sobre el tejado de la habitación abuhardillada en la que pasaba mis tres noches de este año en El Bosque me despertaba antes incluso de que lo hiciese la alarma del teléfono. Por fortuna, después de sufrir otra manga con agua cayendo sin parar, las nubes decidían, finalmente, darnos un respiro y el cielo se iba aclarando poco a poco para permitirnos dejar ya el paraguas en el coche antes de las dos últimas subidas de carrera. Como, además, estas discurrían de modo menos accidentado, se completaba un programa que, por momentos, temí fuese imposible que llegase a su fin. Pero, pese a todos los inconvenientes se cumplieron los objetivos previstos, tanto a nivel personal, llevando a cabo el mucho trabajo que había este fin de semana, como a nivel general, sacando la organización adelante una subida que, por momentos, se les puso muy complicada y debió traer a la mente de sus responsables aquello de ‘no he enviado a mis naves a luchar contra los elementos’ que, cuentan, dijo Felipe II cuando le informaron del desastre de la armada invencible. Al menos, en Ubrique esos elementos se batieron en retirada a última hora y nos permitieron a todos cantar victoria y acabar el fin de semana con buenas sensaciones.

¡ESTO SE ANIMA! Buenas sensaciones que, si hablamos del Campeonato de España de Montaña, estamos teniendo en este inicio de temporada después de muchas campañas en las que todo iba a peor y costaba trabajo ser mínimamente optimista sobre la evolución del certamen. Al menos en este arranque del 2016 se ven indicios de que, poco a poco, las cosas van mejorando. Ya en Estepona hubo un notable aumento de participantes respecto a la edición del año pasado, con nuevas incorporaciones y retornos entre los que serán habituales seguidores del nacional además de una mayor presencia de equipos locales. Una tendencia que ha continuado en Ubrique, con record de inscritos (120 en la lista oficial, de los que 112 se presentarían finalmente) y más novedades en lo que respecta a nuevos coches y pilotos que podrían ser también de la partida en otras pruebas del campeonato. Empezando por estos últimos, los que se incorporaron al nacional en Ubrique, destacaba especialmente el nuevo Silver Car EF10 que iba a estrenar en competición Ángela Vilariño. El último modelo del fabricante navarro recuerda en sus formas a uno de aquellos primeros ‘Daytona Prototypes’ de la IMSA americana, y esconde bajo sus formas, concebidas mediante eso tan en boga del CFD (computational fluid dynamics), un propulsor turbo de 1000cc cuya potencia está entre los 300 y pico y los bastante más de 400 caballos, dependiendo del mapa motor elegido. Todo ello para un peso inferior a los 500 kilos y realizado siguiendo la normativa FIA para los vehículos del grupo E2-SC. Sin duda un coche de lo más interesante, no ya sólo para competir en la categoría 1 de nuestro nacional (ese es el programa previsto para Ángela con el EF10 este año) sino, también, como primer paso para salir de nuestras fronteras y poder tomar parte en el certamen europeo. También estaba de estreno en Ubrique (¡por tercera vez!) Eduardo Noriego. El extremeño ya había ‘bautizado’ nuevas monturas en la subida gaditana en dos ocasiones anteriores (cuando compitió por primera vez hace unos años con el Audi A4ST exFombona y el año pasado, cuando se presentó con un Renault Clio R3). Esta vez le tocaba a su nueva adquisición: un flamante Peugeot 207 S2000 exDelecour que no le había siquiera dado de tiempo de rotular con el diseño que nos había encargado y que deberá lucir en el Fito, próxima cita en su programa de hacer este año algunas pruebas del nacional tras varias campañas sin seguir el campeonato. Lo de llegar sin rotular su nuevo diseño (realizado también por nosotros) le pasaba también a otro viejo conocido del nacional que volvía a la acción en Ubrique: Juanjo Abia. El vallisoletano volvía a Ubrique con el Porsche exArteche que había estrenado justo hace un año en esta misma prueba y con el que es probable lo veamos en alguna otra cita del certamen, aunque no lo vaya a seguir de forma continuada. Más habitual deberá ser la presencia del asturiano Albino García, que se incorporaba al campeonato en la subida gaditana con su ya conocido Silver Car S2, encuadrado este año en la categoría 1. A su lado hacía el largo desplazamiento desde el norte otro asturiano, José García, que se disponía a estrenar en la categoría 2 del nacional su nuevo Speed Car GT1000, todo un cambio desde el Peugeot 106 con el que había tomado parte en alguna prueba regional asturiano el año pasado. También esperamos que acuda a alguna prueba más del campeonato al interesante Fiesta proto de Kike Perelló, que ya habíamos visto el año pasado en la subida de Alp y que completaba en Ubrique las novedades en cuanto a pilotos de fuera de Andalucía que tomaban parte en la prueba, además de los que habían iniciado el campeonato de España en Estepona y repetían en la segunda cita del certamen por lo que no vamos a detenernos de nuevo en repasarlos. Baste decir que no faltaba ninguno de los que deberán jugarse este año los títulos en las tres categorías del nacional, encabezados por los líderes de las mismas al término de la primera prueba del campeonato: el marbellí Christian Broberg (¡el sueco es su padre y no él como erróneamente supuse en mi crónica de la prueba malagueña!) en la 1, el asturiano Javi Villa en la 2 y el granadino Humberto Janssens en la 3. El resto del abundante elenco de inscritos lo completaban equipos y pilotos de la región hasta superar ese centenar de coches que costaba trabajo acomodar en el parque cerrado de la Plaza de Toros de Ubrique y su explanada aledaña. Un elenco con toda la variedad que ofrece la montaña, mezcla de formas y colores, desde barquetas a CMs pasando por GTs y coches de rallyes modernos y antiguos, que lucía prometedor bajo el cubierto cielo de Ubrique al final de la tarde del viernes.

UN SÁBADO INTERMINABLE…

Superar el centenar de inscritos siempre es una buena noticia para cualquier organizador, pero tal cifra de participantes también esconde la amenaza de mayor probabilidad de incidencias, aunque sólo sea por mera estadística. Además, hacer correr a tanto participante en tan poco tiempo como ofrecía el programa horario de la prueba se nos antojaba poco menos que imposible. Incluso sin que hubiese el más mínimo incidente, la hora y media entre manga y manga iba a ir de lo más justa con 112 coches, por mucho que saliesen cada treinta segundos. Dudaba que el sábado se lograsen disputar completas las tres mangas previstas, dos de entrenos y la primera oficial, así que había que planificar bien el trabajo por si iban mal dadas.

Por ello, y como había que pensar, ante todo, en el reportaje para la tele, lo primero era asegurar las tomas en la parte alta del recorrido, la que va del popular ‘pluviómetro’ a las paellas finales que discurren entre rocas y en las que se encuentra una de las zonas de más público de la prueba (la otra es la parte inicial que va desde la salida en el pueblo al cruce de la gasolinera y esa la cubriríamos el domingo). Así que hora y pico antes del inicio de la primera manga de entrenos subíamos hasta meta con los dos cámaras que la organización había puesto a nuestra disposición para la grabación de imágenes, el local Luis y el cordobés Rafa, ya conocido este último de la subida del año pasado. Entre ambos, que harían un magnífico trabajo durante todo el fin de semana, se repartían dos de los virajes finales del recorrido, y yo me apostaba en el exterior de uno de ellos para fotografía a los participantes desde un ángulo que no había usado en mis doce anteriores ‘Ubriques’.

Pese a todos mis miedos, y aun con un pequeño retraso en el inicio, la primera subida del fin de semana discurría con esa gran fluidez que da a la montaña las salidas cada treinta segundos. Apenas si había algún mínimo intervalo de un minuto o dos en algún caso, y el único incordio venía del cielo cuando, a mitad de manga, empezaba a caer la lluvia intermitente que nos haría estar abriendo y cerrando el paraguas prácticamente cada cinco minutos durante las siguientes seis horas. De todas formas, aun habiendo ido todo bien y deprisa, ya eran las tres y veinticinco cuando la Radical amarilla de Christian Broberg completaba la subida, así que lo de cumplir los horarios iba a ser, en efecto, imposible. Aun tenía que bajar toda la caravana hasta la zona de asistencia antes de que se iniciase la segunda subida de práctica, prevista para las tres y media y que, finalmente, acabaría arrancando a eso de las cuatro y cuarto. Para entonces, ya nos habíamos ubicado en un emplazamiento bien conocido de otros años, el exterior de la curva donde está situado el ‘pluviometro’ para medición de las precipitaciones que le da nombre. Y precipitaciones iba a haber, pero no sólo de agua desde el cielo sino, lo que era mucho peor aun para el desarrollo de la prueba, de fluidos más densos, viscosos y deslizantes sobre el asfalto. Uno de los primeros coches en tomar la salida iba perdiendo combustible y acababa por golpear contra un pretil justo en nuestra curva, reemprendiendo la marcha pero dejando tras de si un más que visible reguero de aceite. La interrupción por bandera roja era inevitable y la ardua tarea de tratar de limpiar kilómetro y pico de asfalto se extendía por más de una hora, lo que obligaba a suspender el segundo entrenamiento para, al menos, tratar de ‘salvar’ la primera oficial, que empezaba a estar en peligro a causa de la visibilidad cada vez más escasa en un día de cielo tan cubierto.

Finalmente, a eso de las seis y media se iniciaba la manga de carrera… ¡y prácticamente al minuto había bandera roja de nuevo! Por fortuna, esta vez el incidente no provocaba un parón tan grande y unos quince minutos después ya volvían a pasar coches. Mientras tanto, las nubes, que nos habían dado algo de tregua durante la larga pausa sin competición, eran cada vez más negras y justo tras pasar ante nosotros el rápido JTR S600 de Juan Trino Galera tocaba abrir de nuevo los paraguas. Con el piso cada vez más mojado a medida que las gotas de agua caían sobre el asfalto, estaba claro que nadie iba a batir el 2:38.232 marcado por el piloto-constructor de Tíjola. El suyo era el único tiempo por debajo de los 2:40, barrera en la que se quedaba Eduardo Noriego, subiendo ya más que deprisa pese a acabar de conocer a su nuevo 207, con el que batía por un par de segundos al otro S2000 en liza, el Abarth Punto de Clemente.

Esos eran los tres mejores cronos cuando empezaba a llover y, por tanto, esos iban a ser los tres primeros en la clasificación, tanto scratch como de la categoría 3 al final de la primera jornada de competición ya que el agua nos acompañaría hasta el final de la misma. Además, como resulta que a todos los favoritos les había pillado la lluvia con sus coches ya en la fila de presalida, calzados con slicks, las diferencias entre ese inesperado trío de cabeza y el grupo de GTs aspirantes a la victoria en carrozados iban a ser notables. El que mejor se defendía, lógicamente, era Manolo Cabo, que aprovechaba la tracción total de su Nissan GTR para ser el más rápido de los punteros de la categoría 3 del nacional… pero se quedaba a más de catorce segundos del líder y en una inusual décima posición, por detrás de un buen número de coches de prestaciones mucho más modestas pero que habían subido cuando el piso estaba seco. Peor aun les iba a los ‘traseras’ del grupo GT, entre los que el Audi de Fombona era el único que bajaba, por poco, de los tres minutos para cerrar los veinte primeros de la clasificación de carrozados, en cuyas profundidades acababan aun más hundidos los Porsches de Janssens y Aznar, con el almeriense lamentándose por haber cambiado de opinión a última hora, sustituyendo las gomas rayadas que ya había puesto en su coche por las lisas con las que sufría para llegar a meta sobre un asfalto que cada vez deslizaba más.

Pero si la carretera resbalaba cuando subieron los potentes GT, peor aun se puso cuando les tocó el turno a los participantes en las categorías 1 y 2. La lluvia, que no había sido todavía demasiado intensa, paraba por unos instantes y casi todos ellos optaban por apostar por los slicks, pero una nueva interrupción, de unos diez minutos, cuando ya estaban esperando turno para ascender, hacía coincidir su salida con el chaparrón más fuerte de la tarde. Sobrevivir era entonces el objetivo para todos ellos, más allá de pensar en los tiempos. En la categoría 2 el mejor crono lo conseguía Javi Villa, un altísimo 3:02 que apenas le metía entre los treinta primeros de la general scratch. Y en la 1 el más rápido era Joseba Iraola, uno de los pocos que no había puesto lisas, lo que le permitía coger ventaja con un 2:54 que le situaba en cabeza casi nueve segundos por delante del siguiente en la tabla, Albino García, ya por encima del 3:03.

En todo caso, lo importante era acabar con los coches enteros y esperar que el clima mejorase para las dos oficiales del día siguiente. Si así ocurría, lo del sábado sería como si no hubiese existido… aunque mejor no le digamos eso a Christian Broberg, a quien veíamos al bajar, sentado en un pretil con semblante desconsolado al lado de su muy dañada Radical, víctima de un fuerte toque en la rápida zona inicial de la parte virada del recorrido que arranca tras el cruce de la gasolinera. Para el joven ganador de la categoría 1 en Estepona, no iba a haber segunda oportunidad en Ubrique al día siguiente, para sus rivales si… siempre que las nubes lo permitiesen.

…PERO TODO SE ACABA DECIDIENDO EL DOMINGO

Y las nubes parecían decididas a no permitirlo cuando descargaban de nuevo con intensidad a primera hora del domingo. La última manga de entrenos se celebraba bajo otro diluvio que empapaba el asfalto y convertía en muy factible la gran sorpresa de ver como la victoria, tanto al scratch como de la categoría 3, se la acabasen jugando entre Juan Trino Galera, con el JTR S600, y Eduardo Noriego y Miguel Ángel Clemente, con los Súper 2000.

Pero, finalmente, la lluvia cesaba y en unos minutos subían las temperaturas, soplaba algo de viento, asomaba incluso tímidamente el sol y el rugoso asfalto de Ubrique se empezaba a secar con rapidez. Lo del sábado no iba a servir de nada y la carrera se iba a jugar en las dos oficiales que restaban por celebrarse. En la primera, cuando salían los carrozados aun había muchas dudas sobre cuantas humedades podría haber en la parte alta del recorrido. Y como no había ya margen de error para sumar dos tiempos ‘decentes’, los favoritos al triunfo en la categoría 3 optaban por la prudencia y montaban gomas con más o menos dibujo… todos menos el último de ellos en salir, el actual campeón y ganador en Estepona, Humberto Janssens. El granadino se la jugaba (más por locura que por cálculo, nos diría luego con humor), montaba ‘slicks’… y dejaba poco menos que sentenciada la lucha entre los GT distanciando en casi siete segundos a Aznar, en cerca de diez a Cabo, en más de once a Fombona y en casi trece a Borreguero. Eso si, en la general provisional aun estaba en cabeza el S600 de Juan Trino, cuarto en esta manga, por delante del Nissan de Cabo, y en segunda posición el S2000 de Noriego, tercero de la subida que acababa de completarse pese a montar gomas FIA ‘asimétricas’ que ya acababan bastante tocadas tras sólo una manga de uso.

De todas formas, con las nubes definitivamente en retirada, las opciones de que se consumase la sorpresa ya eran remotas. Con otra manga aun por delante, a disputarse también sobre seco, la potencia debería acabar imponiéndose y la diferencia conseguida por Janssens respecto al resto de los GT hacía que la duda estuviese en quienes de sus pilotos le acabarían escoltando en el podio.

Más incertidumbre de cara a la manga final dejaba, en cambio, la lucha por la primera plaza en la general scratch y en la categoría 1. El mejor crono absoluto lo marcaba Ángela Vilariño con el Silver Car EF10, pero a poco más de un segundo se situaba César Rodríguez con el BRC de la categoría 1, y a apenas dos, pese a haber optado por reglajes de mojado aun montando slicks, Javi Villa con el de la categoría 2. Todo podía pasar aun entre ellos, sin olvidar a Joseba Iraola, cuarto a algo más de dos segundos y medio pese a que el selector del cambio de su Demon Car le había complicado la parte final del recorrido.

Así que, después de todo, el programa se iba a completar con una manga final sobre piso seco en la que, además, estaba en juego la victoria en la general. Poco más se podía pedir, especialmente tras lo complicado que había resultado todo hasta entonces. El alivio ante la mejora de las condiciones del asfalto era general y todos afrontaban la última manga del difícil fin de semana con ganas de disfrutar y desquitarse de algún modo del sufrimiento que habían supuesto las cambiantes condiciones que les habían complicado tanto en las anteriores. Ahora ya no había dudas, se trataba de montar ‘slicks’ y subir ‘gas a fondo’. Y uno de los que más ganas tenía de hacerlo era Fombona, deseoso de empezar a explotar al máximo todo el potencial de su nuevo Audi R8, algo que no había tenido ocasión de hacer en todo el fin de semana, y apenas tampoco en el de su estreno, en Estepona. El gijonés marcaba el mejor crono de la categoría 3, rebajando en unas centésimas el record de GT que tenía Borreguero desde el 2014 y consiguiendo remontar hasta la tercera plaza de la general de carrozados. A apenas unas milésimas se situaba Janssens, que confirmaba de este modo su segunda victoria de la temporada. Y a algo más de cuatro segundos, cuarto en el parcial, terminaba Aznar, que lograba mantener la segunda plaza de la general por un par de décimas ante el ataque final de Fombona. Se repetía de este modo el doblete Porsche de la primera prueba del campeonato, de nuevo con Janssens y Aznar ocupando las dos primeras plazas por delante de una de las nuevas amenazas a los GT de Stuttgart llegadas este año al campeonato. Si en la subida malagueña había sido el Nissan de Cabo el que terminó justo tras ellos, en esta ocasión era el turno del Audi de Fombona. Tanto uno como otro dejaron prueba de sus posibilidades en Ubrique, el sábado sobre mojado el ‘japonés’ del piloto cántabro, el domingo sobre seco el ‘alemán’ del asturiano, pero, de momento, los Porsche siguen por delante aunque la sensación es que lo van a tener más complicado en la siguiente cita del certamen, la rapidísima rampa de Falperra. Fuera del podio terminaba finalmente el JTR S600 de Juan Trino Galera, que sobre piso ya totalmente seco y con todos los GT montando las gomas adecuadas era sexto en la manga final. De todas formas, su crono era lo suficientemente bueno para, sin poder ya contar con la ventaja lograda el sábado, permitirle alcanzar todavía una sobresaliente cuarta posición en la general de carrozados, en la que concluía por delante del Nissan de Cabo, que se quejaba del excesivo lastre de su coche, y del Mosler de Borreguero, que había sido tercero en la manga final y lograba, al menos, remontar un buen número de posiciones para acabar con buen sabor de boca la que era su decimonovena participación en la subida ubriqueña. Ambos pilotos de GTs acababan por superar al S2000 de Noriego, cuyas gomas FIA ya no daban más de si lo que le impedía defenderse tan bien como lo había hecho en la manga anterior. Aun así, el extremeño concluía séptimo de la categoría 3 y su actuación, en el estreno del coche y sin acertar con la monta de neumáticos, es todo un aviso de sus posibilidades para el Fito, mucho ojo con él como llueva en las rampas del Sueve

Resuelta la categoría de carrozados quedaba por conocer el desenlace final de la prueba en las otras dos y en su general scratch. En la categoría 2 el pronóstico era claro dado que Javi Villa había aventajado en más de cuatro segundos a Jonathan Álvarez en la anterior manga oficial. Pero las miras de Javi estaban puestas más allá, su intención era repetir el triunfo al scratch de Estepona. Así que salía a por todas en la manga final, y aun con el handicap que supone la reglamentación de este año, que obliga a los CM a usar el mismo juego de gomas de seco en las mangas oficiales de dos ‘meetings’ consecutivos, paraba el crono a apenas un par de décimas de su record del 2014 y establecía un 2:17.903 que era el mejor registro de lo que iba de fin de semana. Como era de esperar, ninguno de sus rivales en la categoría 2 lograba acercarse a ese tiempo, siendo el que menos lejos se quedaba Jonathan Álvarez, para el que era de nuevo la segunda plaza entre los ‘CM promoción’, completando el podio también el mismo ocupante del tercer escalón en Estepona, el cántabro Juan Castillo. La duda estaba en ver si alguno de los aspirantes al triunfo en la categoría 1 podría batir ese ‘17‘ deVilla. Ni Joseba Iraola ni César Rodríguez se acercaban siquiera, quedando ambos justo por encima de la barrera del 20, con el vasco por delante en el parcial pero sin poder rebasar al gallego en el total del fin de semana. De todas formas, la principal amenaza par el triunfo de Javi era Ángela Vilariño al volante del potente Silver, cuya espectacular aceleración en la arrancada dejaba bien claras las intenciones de su piloto, que contaba, además, con la ventaja adicional de montar gomas menos gastadas al ser este su primer meeting (y no haber usado los slicks el sábado). Desafortunadamente una pieza de apenas dos euros de coste (un tirante de soporte de la inyección) se rompía en el propulsor del nuevo y muy prometedor EF10 y nos dejaba a todos con la duda de si Ángela habría podido conseguir la victoria. En su lugar, la guipuzcoana tenía que conformarse con cerrar la tabla al tener que sumar a su total el crono bajo la lluvia del sábado, mientras que el triunfo en la general era, por segunda vez en dos carreras, para Javi Villa con el BRC de la categoría 2 por delante de todos los participantes en la categoría 1. Entre estos últimos, la victoria se la adjudicaba un más que contento César Rodríguez, habitualmente desafortunado en muchas ocasiones el año pasado pero que en esta ocasión había conseguido aprovechar la oportunidad para acabar ganando en el cómputo total sin haber sido el más rápido de su categoría en ninguna de las tres subidas oficiales.

César no era el único que acababa con motivos para sentirse satisfecho, las sonrisas predominaban entre los pilotos cuando los recibíamos a la entrada del parque cerrado al término de la prueba. Iraola estaba contento de terminar con su mala racha pese a no haber ganado aun siendo el más rápido de la categoría 1 en dos de las tres mangas. Albino tenía razones para estar feliz con su tercer puesto y, sobre todo, por ‘estar ahí, contra estos chavales’, como nos decía con orgullo cuando comentábamos con él sus impresiones del fin de semana. Y, en general, la sensación que percibíamos era la que nosotros mismos teníamos: después de todo el fin de semana había terminado realmente bien y, en efecto, ¡bien está lo que bien acaba!

Texto y fotos: Daniel Cean-Bermúdez.

 

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